La primera vez que presenté imágenes generadas con IA a un cliente, no dije nada. El cliente aprobó todo. Las imágenes eran exactamente lo que necesitaba. Pero me quedé con una incomodidad. ¿Debería haber dicho algo? ¿Era deshonesto?
Después de muchas presentaciones he encontrado un equilibrio que funciona tanto éticamente como profesionalmente.
Mi regla: transparencia proactiva
Ahora siempre menciono que uso IA como parte de mi proceso. No como disculpa sino como metodología. Lo presento así: para explorar direcciones creativas rápidamente utilizo herramientas de IA generativa. Esto me permite presentar más opciones en menos tiempo y dedicar el tiempo ahorrado a refinar la dirección que elijas.
La mayoría de clientes responden positivamente. Les interesa que use herramientas modernas. Lo que les importa es el resultado, no si cada píxel fue colocado a mano.
Cuándo no usar IA visible
Hay contextos donde las imágenes finales no deben ser generadas por IA. Fotografías de productos reales que van a e-commerce. Imágenes que representan personas reales de la empresa. Cualquier imagen que implique una promesa visual al consumidor. En estos casos uso IA para exploración y conceptos pero la producción final es fotografía real o ilustración humana.
El framework de presentación
Mi estructura es: primero muestro la estrategia y las decisiones de diseño. Luego los wireframes y la arquitectura. Después las propuestas visuales, que es donde la IA aparece. Y finalmente el plan de producción, donde especifico qué imágenes necesitan producción profesional y cuáles pueden quedarse generadas.
Este orden importa. Cuando el cliente ve estrategia y pensamiento antes de ver imágenes, entiende que las imágenes son el resultado de un proceso, no el proceso mismo. La IA es la herramienta. El diseñador es el pensador.