Fue un martes. Estaba trabajando en una propuesta visual para un cliente, una landing que necesitaba transmitir confianza y modernidad al mismo tiempo. Llevaba dos horas iterando sobre el hero section, moviendo bloques, ajustando espacios, probando combinaciones de color que no terminaban de convencerme.

Entonces abrí Midjourney y en un prompt de tres líneas generé algo que se veía mejor que lo mío. No un poco mejor. Mucho mejor.

Me quedé mirando la pantalla sin saber qué hacer con lo que estaba sintiendo. No era enojo, no era frustración. Era algo más profundo. Era la sensación de que diez años de carrera acababan de ser comprimidos en cuarenta segundos por una máquina que no sabe lo que es quedarse hasta las tres de la mañana terminando un entregable.

El vacío de ese momento

Los días siguientes fueron raros. Seguí trabajando porque los proyectos no esperan pero algo había cambiado adentro. Cada vez que abría Figma me preguntaba si lo que estaba haciendo tenía sentido, si el cliente no estaría mejor con un prompt bien escrito en vez de pagarme a mí.

Hablé con otros diseñadores. La mayoría no quería tocar el tema. Algunos lo negaban, decían que la IA genera basura y que el ojo humano siempre va a ser necesario. Otros estaban igual que yo pero no lo decían en voz alta.

El síndrome del impostor que ya conocíamos tomó una forma nueva. Ya no era solo sentir que no eras suficiente comparado con otros diseñadores. Ahora era sentir que no eras suficiente comparado con algo que ni siquiera está vivo.

Lo que descubrí después del golpe

Pasó una semana y algo empezó a cambiar. No porque la IA dejara de ser buena sino porque empecé a ver lo que realmente estaba pasando. Esa imagen que Midjourney generó en cuarenta segundos se veía increíble pero no resolvía el problema del cliente. No consideraba el tono de marca, no respetaba el sistema de diseño existente, no pensaba en cómo ese hero se conectaba con el resto del journey del usuario.

Era bonita. Pero era vacía.

Y ahí entendí que mi trabajo nunca fue hacer cosas bonitas. Mi trabajo es resolver problemas visuales dentro de un contexto que solo yo como diseñador con experiencia en la industria del cliente puedo entender. La IA genera píxeles. Yo genero decisiones.

No romantizo el susto

No voy a decirte que ahora estoy en paz con la IA y que todo está bien. Hay días en que la duda vuelve. Hay momentos en que veo lo que generan los modelos nuevos y siento otra vez ese vacío en el estómago.

Pero aprendí que ese miedo no es señal de que voy a desaparecer. Es señal de que mi industria está cambiando y que sentir incomodidad es parte del proceso de adaptarse.

El diseñador que finge que no siente esto está mintiendo o no está prestando atención.

Yo prefiero sentirlo todo y seguir construyendo.