El experimento empezó como una provocación conmigo mismo. Llevaba meses hablando de IA y diseño, escribiendo sobre herramientas, comparando flujos de trabajo. Pero seguía diseñando igual que siempre. Figma, librerías de componentes, stock photos. Lo de siempre. Entonces me hice una pregunta incómoda: si realmente creo que la IA cambia el diseño, ¿por qué no lo estoy demostrando?
Así nació el reto de 30 días. Las reglas eran simples: cada entregable de diseño que produjera durante un mes tenía que involucrar inteligencia artificial de manera significativa. No como decoración ni como curiosidad. Como parte del proceso real de trabajo.
Semana 1: la frustración productiva
Los primeros días fueron terribles. No porque la IA no funcionara, sino porque yo no sabía qué pedirle. Estaba acostumbrado a pensar en píxeles y componentes. La IA piensa en conceptos y direcciones. Tuve que cambiar mi forma de plantear problemas.
Mi primer proyecto real fue una landing page para un fintech. Normalmente empezaría buscando referencias en Dribbble, armando un moodboard manual, eligiendo tipografías. Esta vez le pedí a Claude que me ayudara a estructurar la propuesta de valor antes de tocar Figma. El resultado fue revelador. En lugar de diseñar primero y justificar después, estaba justificando primero y diseñando con intención.
Para las imágenes usé Midjourney. Y aquí vino el primer choque: generar una imagen toma 30 segundos. Generar la imagen correcta puede tomar dos horas. La velocidad de ejecución no equivale a velocidad de decisión.
Semana 2: los patrones empiezan a aparecer
Para la segunda semana ya tenía un ritmo. Descubrí que mi flujo más eficiente era: pensar con Claude, explorar visualmente con Midjourney, ejecutar en Figma, iterar con ChatGPT para microcopy y variaciones de texto.
El proyecto de esa semana era un dashboard de inversiones. Usé Claude para mapear los flujos de usuario y priorizar qué información mostrar primero. La conversación me llevó a una jerarquía que no hubiera encontrado solo: el dato más importante no era el rendimiento del portafolio sino el cambio desde la última visita. Un insight que salió de preguntarle a la IA sobre psicología de inversores retail.
Con Midjourney generé las ilustraciones del onboarding. Descubrí que el estilo flat isométrico produce resultados más consistentes que las ilustraciones de personajes. Los personajes generados siempre tienen algo que se siente extraño. Las formas geométricas no.
Semana 3: el punto de inflexión
La tercera semana fue donde todo cambió. Tenía tres proyectos simultáneos y por primera vez sentí que la IA me daba una ventaja real de velocidad. No porque hiciera el trabajo por mí, sino porque eliminaba las partes del proceso donde yo no agregaba valor único.
Buscar fotografías de stock: eliminado. Midjourney genera exactamente lo que necesito. Escribir el primer borrador de microcopy: eliminado. ChatGPT produce diez variaciones en segundos. Investigar mejores prácticas de UX para un patrón específico: eliminado. Claude me da el estado del arte con fuentes y razonamiento.
Lo que quedaba era lo que realmente importa: tomar decisiones. Elegir entre opciones. Evaluar si algo funciona para el usuario específico. Ajustar el tono emocional. Defender una dirección creativa ante el cliente.
Semana 4: la reflexión
El último día del mes hice un inventario. Había entregado seis proyectos completos. En un mes normal entrego cuatro. La calidad no había bajado. En algunos casos había subido porque tenía más tiempo para iterar en las decisiones importantes en lugar de gastarlo en tareas mecánicas.
Pero el aprendizaje más grande no fue sobre productividad. Fue sobre identidad. Durante treinta días tuve que redefinir constantemente qué parte del trabajo era mía y qué parte era de la máquina. Y la respuesta me sorprendió: la parte mía era más importante de lo que pensaba. La IA puede generar todo. Pero no puede decidir qué generar ni por qué.
Como escribí en mi primer post, el diseño no murió. Evolucionó. Después de este mes puedo decir que eso no es una frase motivacional. Es una descripción literal de lo que viví.
El diseñador que sale de este experimento no es más rápido. Es diferente. Piensa en sistemas, dirige herramientas y se enfoca en lo que las máquinas no pueden hacer: entender a las personas.