Cada semana veo en LinkedIn o en Twitter algún demo de una IA generando una interfaz completa en sesenta segundos. Se ve increíble. Gradientes perfectos, spacing limpio, iconografía coherente, todo en su lugar. Los comentarios se llenan de fuego y aplausos. Y yo me quedo pensando lo mismo cada vez.
Eso no es diseño. Es decoración.
Bonito no es lo mismo que funcional
Cualquier persona que haya trabajado en un producto digital real sabe que lo difícil no es hacer algo bonito. Lo difícil es hacer algo que resuelva un problema de negocio mientras le da al usuario una experiencia que no lo haga pensar de más. Eso requiere entender contexto, restricciones, comportamientos humanos, limitaciones técnicas, políticas de compliance y mil variables que ningún prompt va a contener.
He diseñado pantallas que se ven simples, casi aburridas, y que mejoraron la tasa de conversión de un producto financiero un quince por ciento. No eran bonitas en el sentido de Instagram. Eran efectivas en el sentido de que los usuarios hacían lo que necesitaban hacer sin fricción.
Esa pantalla nunca la habría generado una IA porque una IA no entiende por qué a veces menos diseño es mejor diseño.
El sesgo estético de la IA
Las IAs generativas están entrenadas con imágenes que la gente consideró atractivas. Eso crea un sesgo hacia lo visualmente llamativo, hacia lo que genera likes, hacia lo que se ve moderno y trendy. Pero el diseño de producto no busca likes. Busca que el usuario complete una tarea.
He visto propuestas hechas con IA que son portfolio material pero que en producción serían un desastre de usabilidad. Botones sin estados de hover, formularios sin validación visual, flujos que se ven bonitos en una pantalla estática pero que no consideran qué pasa cuando el usuario se equivoca o cuando la data no carga.
El diseño real vive en los edge cases. Y la IA no piensa en edge cases porque nadie le enseñó que ahí es donde el diseño importa más.
No estoy en contra de lo bonito
Que quede claro. La estética importa. Una interfaz fea genera desconfianza, especialmente en productos financieros donde la percepción de solidez es todo. Pero la estética tiene que ser el resultado de decisiones de diseño informadas no el objetivo en sí mismo.
Cuando la IA genera algo bonito y yo lo tomo como punto de partida para construir algo funcional, ahí hay valor. Cuando alguien toma lo que la IA generó y lo entrega como diseño final sin cuestionar nada, ahí hay un problema que eventualmente el usuario va a pagar.
El diseño bonito sin sustancia es el equivalente visual de decir algo con voz segura sin saber de qué estás hablando.
Se nota. Siempre se nota.