Los riesgos legales de usar IA en proyectos financieros son concretos. Tienen que ver con datos sensibles de clientes, propiedad intelectual del output, cumplimiento regulatorio y responsabilidad sobre errores. No son hipotéticos. Me los pusieron sobre la mesa en una reunión con el equipo legal de una fintech donde estaba trabajando.

Fue en un proyecto regional. Estábamos explorando IA para acelerar prototipos y generar copies de interfaz. Todo iba bien hasta que legal pidió una reunión urgente antes de que el equipo siguiera avanzando.

La primera pregunta fue directa. Qué datos estaban entrando en los prompts. No les importaba si el modelo era bueno o rápido. Querían saber si había PII, números de cuenta, historiales de transacción o cualquier dato que pudiera identificar a un cliente real.

Les expliqué que nunca uso datos reales en mis prompts. Trabajo con data ficticia o sintetizada. Pero eso no fue suficiente. La preocupación no era solo la intención, sino la trazabilidad. Si alguien audita el proceso meses después, necesita pruebas de que ningún dato sensible pasó por un modelo externo.

Después vino el tema de imágenes. Estábamos usando generación de rostros con IA para escenarios de onboarding. Legal preguntó si esos rostros podían parecerse a personas reales y generar problemas de consentimiento.

Aprendí algo que no se olvida. Aunque el modelo diga que genera rostros ficticios, la responsabilidad sigue siendo nuestra. Cambiamos el approach a ilustraciones abstractas y fotos de stock con licencias claras. Más lento, pero sin riesgo.

La tercera tensión fue con textos generados para interfaces reguladas. Copies de error, mensajes de riesgo, disclaimers. Legal no aceptó ningún texto generado por IA sin revisión humana documentada. Cada frase debía poder justificarse frente a un regulador.

Ahí entendí algo fundamental. La IA no escribe. Sugiere. El ownership del texto final es mío y de la empresa. No del modelo.

La conversación más densa fue sobre propiedad intelectual. De quién es el output generado por IA. Del proveedor del modelo, del equipo de diseño, del cliente. No había una respuesta única y cada contrato decía algo distinto.

Terminamos documentando que todo output de IA es una herramienta intermedia, no un entregable final. El diseño final es producto de decisión humana. El modelo es un insumo más, como un boceto en servilleta.

Ese día perdí la inocencia con la IA. También gané claridad. Usar IA en fintech no es ilegal, pero exige procesos nuevos, trazabilidad y límites que antes no existían.

Desde entonces cada proyecto arranca con una conversación con legal. No para pedir permiso, sino para diseñar el marco correcto desde el inicio. Es una reunión más en el kickoff y ya se siente natural.

La IA no elimina riesgos legales. Los hace más visibles.