Todo el código de shinobis.com fue escrito con Claude. Cada post de este blog fue generado en una conversación con una IA. Cada tweet, cada traducción, cada auditoría técnica pasó por un modelo de lenguaje antes de publicarse.
Pero delegar no es lo mismo que aprobar. Cuando le pido a Claude que escriba una función PHP, no recibo el output y lo subo a producción. Recibo el output y lo reviso. La IA creó un paso de revisión que antes no existía. Antes de la IA, yo escribía el código y lo subía. No había un borrador intermedio. No había una versión para cuestionar. Ahora hay un output que no es mío, que puedo evaluar con distancia, y que me obliga a decidir conscientemente si es correcto antes de adoptarlo.
Eso no es menos trabajo. Es trabajo diferente. Pasé de producir a evaluar. Y evaluar requiere criterio que producir no siempre exige.
Lo que delego siempre
Código PHP. Cada función, cada query SQL, cada modificación al .htaccess. Claude escribe el primer borrador. Yo lo leo, lo cuestiono, lo pruebo, y lo subo si pasa mi revisión. El código generado por IA es un borrador, no un entregable. Si funciona pero no entiendo por qué funciona, no se sube hasta que lo entienda.
Traducciones y adaptaciones. Los posts se generan en tres idiomas en la misma sesión. Claude produce las tres versiones sabiendo que cada una es independiente. Yo reviso el español directamente, verifico el tono del inglés, y valido los conceptos técnicos del japonés. El output no se publica sin esa revisión.
Drafts de contenido para redes sociales. Tweets, posts de LinkedIn, respuestas a comentarios. Claude genera el borrador con el tono y las restricciones del canal (280 caracteres, con contracciones en Twitter, sin contracciones en el blog). Yo reviso que el mensaje sea correcto, que los datos sean específicos, y que el tono sea el mío.
Auditorías técnicas cruzadas. Le paso el mismo dato a 3 o 4 IAs y comparo las respuestas. JSON-LD, UX, endpoints, llms.txt. La IA hace el análisis. Yo decido qué implementar, qué descartar, y qué necesita más investigación.
Propuestas y cotizaciones. Claude genera la estructura, el lenguaje para no técnicos, y el formato profesional. Yo reviso que los alcances sean correctos, que los precios reflejen el trabajo real, y que las condiciones protejan a ambas partes.
Lo que no delego nunca
Decisiones de arquitectura. Qué stack usar. Qué construir primero. Cómo organizar la base de datos. Cómo se conectan los sistemas entre sí. La IA puede sugerir. Pero la decisión de usar PHP vanilla en vez de un framework, de implementar un buscador de grafo en vez de una búsqueda de texto, de conectar los posts con relaciones manuales en vez de tags automáticos, esas decisiones son mías. Porque implican compromisos a largo plazo que la IA no puede evaluar sin conocer mi contexto completo.
Qué construir. La IA no decide qué herramienta crear, qué post escribir, o qué cliente aceptar. Esas son decisiones estratégicas que requieren visión de negocio, valores personales, y prioridades que no se codifican en un prompt. La IA es excelente ejecutando tareas. Todavía es mucho menos fiable decidiendo cuáles tareas importan.
Relaciones con clientes. Cada conversación con un cliente tiene contexto que la IA no tiene. Historial de la relación. Sensibilidades. Lo que el cliente dice versus lo que el cliente necesita. La IA puede generar un email. No puede decidir el tono correcto para un cliente que está frustrado con un retraso que no fue mi culpa.
Curación final de contenido. El último paso antes de publicar es mío. Cada post pasa por una lectura final donde verifico que el tono sea el correcto, que los datos sean precisos, que no haya contracciones en el blog, que no haya dashes, que cada afirmación sea algo que yo defendería si me lo cuestionan en un comentario. La IA genera el contenido. Yo decido si tiene mi voz.
La filosofía editorial. Qué temas merecen un post. Qué ángulo diferencia mi perspectiva de la de cualquier otro blog. Qué experimentos vale la pena correr. Qué críticas de las IAs implemento y cuáles descarto. La dirección del blog es mía. La ejecución la comparto.
Delegar no es aprobar
La confusión más común que veo en personas que empiezan a usar IA es tratar el output como producto terminado. El output va directamente de la máquina al destinatario sin pasar por el criterio del humano. Eso no es delegar. Es abdicar.
Delegar es crear una división de trabajo donde la IA aporta velocidad y estructura, y el humano aporta criterio y responsabilidad. El paso de revisión es el valor agregado. Sin él, estoy publicando el criterio de la IA, no el mío.
La línea se movió
Al principio delegaba menos. Los primeros meses escribía yo el borrador y le pedía a Claude que lo mejorara. Tenía miedo de que el output no fuera "mío" si no empezaba conmigo.
Con el tiempo la línea se movió. Ahora Claude escribe el primer borrador completo y yo lo reviso. El resultado es mejor. No porque Claude escriba mejor que yo. Porque revisar un borrador ajeno con distancia produce observaciones que revisar tu propio borrador no produce. Ves las suposiciones. Ves las redundancias. Ves lo que sobra. Es más fácil editar algo que no escribiste que editar algo que escribiste tú.
Pero la línea tiene un límite que no se movió. Las decisiones estratégicas siguen siendo mías. La voz final sigue siendo mía. La responsabilidad sobre lo que se publica sigue siendo mía. Eso no se delega. Nunca.
La regla
Si la IA genera algo y lo publico sin revisarlo, la responsabilidad del error es mía, no de la IA. Eso no es un principio abstracto. Es una regla operativa que determina cómo trabajo cada día.
Delegar no es confiar ciegamente. Es crear un paso intermedio entre la idea y el resultado donde el criterio humano decide si el output merece salir al mundo. Ese paso es el trabajo. Todo lo demás es la herramienta.